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lunes, 7 de noviembre de 2016

¡No me pagan por pensar!

¡Claro que sí! Ha llegado el día de hacer un pequeño homenaje a una de las frases más populares de cualquier compañía. Por mucho que pasen los años y por mucho que cambie el mercado laboral, esta frase resiste sin mostrar signos de cansancio.
Por partes:
  • Tampoco te pagan por respirar y respiras mientras trabajas, ¿no? Es decir, como ser humano, piensas siempre. De hecho, para llegar a la conclusión de que no te pagan para pensar, ya estás pensando. Para saber que tu jefe/a, tu trabajo o tus condiciones son indecentes, también has tenido que realizar un razonamiento previo.
  • Por tanto, si no te pagan para pensar, sería mejor que pusieran una máquina, ya que no aportas nada que no pueda aportar una máquina. Es más, ella es más barata, no cogerá la baja y no se quejará nunca. Así que, si realmente crees que no te pagan para pensar, ves buscando curro. Ten la certeza de que, tarde o temprano, te sustituirá una máquina. Es más, cuando eso suceda, piensa que habrá gente que piense que lo merecías. Al fin y al cabo eres un/a conformista y un empleado muy mediocre.
  • Quién expone sus opiniones corre el riesgo de equivocarse o de que éstas no sean bien recibidas. Quién no las expone para no correr ese riesgo… será sustituido/a por una máquina.
No es lo mismo asumir el rol pasivo de no hacer nada por cambiar una situación determinada que luchar constantemente contra gente que no quiere escuchar a los que están por debajo en un organigrama. Es decir, no es lo mismo no sentirse escuchado o comprendido que adoptar la actitud de quejarse constantemente sin aportar nada para buscar soluciones. Si no nos sentimos escuchados, es posible que buena parte de la culpa sea de la empresa. Si adoptamos la actitud de la queja, toda la culpa será nuestra.

El próximo día de inspiración, dedicaremos otro post al gran “¡yo soy asín!” (la n al final de así no es un error tipográfico)

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