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martes, 6 de octubre de 2015

La señora de la limpieza que sabía demasiado

¿Os habéis fijado en ella? Muta y parece transformarse cuando pasa de una empresa a otra, pero ahí está, paseando por los pasillos como si viviera en una burbuja, ajena a lo que pasa a su alrededor. Raras veces, estas mutaciones la hacen cambiar de sexo, suele tener forma de mujer. Escoba o trapo en mano, sube, baja, entra, sale, como si fuera un fantasma invisible para una buena parte de los empleados del edificio. ¡¡Nunca os fiéis de la señora de la limpieza!! Puede llegar a ser más discreta que el informático, el contable o el de RRHH, pero dicen los que la conocen bien que el gran poder de la información es realmente suyo. 

Habla con decenas de personas al cabo de un día y les extrae la información más valiosa de la compañía, esa que nunca llega a los jefazos. Los pringaos de RRHH trabajan horas y horas para evaluar el clima de la compañía mediante encuestas, cuestionarios y otras memeces mientras ella obtiene toda esa información sólo prestando atención a lo que le dicen sus interlocutores. Los escucha a todos por igual, sabe que la información no entiende de galones ni jerarquías y que, la mayoría de veces, lo importante está en los que se sitúan más abajo en el organigrama.


Para muchos ni existe, otros la miran con cierta prepotencia pensando que ellos tienen el "poder" por haber hecho dos carreras y un máster... Pardillos, sus superpoderes no se estudian en ninguna universidad del mundo. Pero como cualquier superheroe, la señora de la limpieza tiene su kriptonita particular: debe asumir con impotencia las decisiones que los de arriba toman sobre los de abajo sin tener ni puñetera idea. Se esfuerza por entender porque la empresa gasta un dineral en cuestiones que se solucionarían de manera casi gratuita si se escuchase a los de abajo. Esa es su condena.

Pero yo no la temo. Cuando no puedes con el enemigo, únete a él. Lo primero que hago al llegar a una empresa es preguntar como se llaman las personas que limpian en la empresa e intento ganarme la confianza de sus confidentes, los curritos de abajo del organigrama. Ellos son los que mejor conocen al cliente y, como dijo Sam Walton, "sólo hay un jefe. El cliente. Y él puede despedir a cualquiera en la compañía, desde el presidente hasta el último empleado, simplemente gastándose su dinero en otra parte".
Aprovecho esta entrada para enviar un saludo a Tamara. Sin ella, yo no podría trabajar.


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