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sábado, 29 de octubre de 2011

Discurso de Steve Jobs

Nunca he sido simpatizante de Apple. Ni tengo Iphone, ni Mac, ni Ipad, ni nada con una manzana dibujada en su parte posterior. Sin embargo, ante este discurso, me quito el sombrero:


martes, 25 de octubre de 2011

¿Alguien se acuerda de la gestión del talento?

Hace unos años los departamentos de RRHH hablaban de gestión del talento. Atraer y retener el talento era casi una obsesión, llegando a creer que las empresas con mayor talento eran las que tenían más éxito. Incluso se generó un nuevo oficio y se le puso un nombre curioso: el headhunter (su función me parece muy válida, pero me gustaría mucho más otro nombre). Sin embargo esta idea se quedó en creencia. No he visto ningún estudio en el que se demuestre una correlación entre el talento y los beneficios netos de la organización. Buscar esta correlación supone afrontar la dificultad de medir algo tan intangible como el talento. Es más, ¿qué es el talento?. ¿Seguro que todos daríamos la misma respuesta? Según la RAE el talento es "la inteligencia o aptitud para una determinada ocupación". ¿Vale la pena todo el esfuerzo realizado para retener a personas que sencillamente son aptas para hacer su trabajo? Como tantas otras veces, desde los departamentos de RRHH, nos estuvimos dedicando a trabajar en algo que no es medible y que no puede demostrar sus resultados.



Hoy por hoy, la obsesión de los departamentos de RRHH es reducir gastos. Si los beneficios bajan, la única forma de seguir vivos es reduciendo los gastos. Del talento sólo nos acordamos al analizar los gastos de personal que tiene nuestra empresa. Ahora, mirando los números, nos damos cuenta de lo caro que sale el talento. ¿Qué nos ha aportado? No tenemos una respuesta clara, pero conseguir resultados cuando las vacas eran gordas quizás no tiene demasiado mérito. Ahora, cuando las vacas son flacas, todas las empresas notan los efectos de la crisis en su cuenta de resultados. Entonces, ¿para qué ha servido retener tanto talento? Si invertimos en algo que nos da resultados cuando todo el mundo los obtiene y no los mantiene cuando el resto de empresas dejan de tenerlos, estamos tirando dinero.

Retomando la definición de la RAE, llamemos a las cosas por su nombre. Hablar de "gestión del talento" da caché y glamour, pero si hablamos de personas aptas, responsables y motivadas, seguramente seremos más prácticos y útiles para nuestra organización. 

jueves, 6 de octubre de 2011

La cultura del esfuerzo

Dice Marc Vidal que somos un país que vive la cultura del subsidio. Esto nos ha acostumbrado a no tener que hacer nada para conseguirlo todo. No hace muchos años, cualquier trabajador podía abandonar su empresa sin ningún temor porque sabía que al día siguiente estaría trabajando en otro lugar (posiblemente cobrando más). Si quería tener un buen coche o una buena casa, sólo debía acudir al banco y pedir un préstamo. Esta situación nos ha convertido en personas con muchos derechos y pocas obligaciones. Ahora, cuando esa situación ha terminado, exigimos que se nos mantenga el mismo nivel de vida. Ahora culpamos a los bancos (entidades privadas con ánimo de lucro) porque nos prestaron un dinero que nosotros les pedimos, culpamos a los políticos porque, tras darnos subvenciones por todo de manera injustificada, se han quedado con la caja vacía, culpamos a nuestros empresarios porque no quieren trabajar sin obtener beneficios y cierran sus empresas. La culpa es de todo el mundo menos nuestra.

En cualquier caso, la situación ha cambiado y ahora nos toca vivir una época antagónica. Ya nadie nos va a regalar nada y todo lo que tengamos vamos a tener que ganarlo. En las empresas, más que nunca, se mide la productividad real y se analiza la rentabilidad de cada puesto de trabajo. Puede que esta situación no nos guste porque estamos mal acostumbrados, pero yo creo que es lo que debería haber sucedido desde siempre. 


El esfuerzo que dedicamos a las cosas es proporcional a la recompensa que esperamos recibir y esa expectativa es subjetiva. Por ejemplo, una persona puede estar decidida a formarse continuamente para crecer en su trabajo mientras su compañero considera que es mejor dedicar su tiempo a otro tipo de actividades. Las dos opciones son igual de válidas. El problema puede llegar cuando el primero promocione y el segundo se sienta decepcionado porque no le han promocionado a él. 

No existe la recompensa sin un esfuerzo previo pero, si existiera, no la valoraríamos. Debemos meditar detenidamente sobre cuales son nuestros objetivos profesionales y personales y que cantidad de esfuerzo estamos dispuestos a realizar para conseguirlos. Se acabó la época en que nuestras expectativas se cubrían solas.

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa. Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.

#RRHH y la gestión de la felicidad

Debo reconocerlo: alucino al ver cómo, algunas veces, desde Recursos Humanos vendemos humo. Todavía me sorprende más cuando vendemos mentir...