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jueves, 6 de octubre de 2011

La cultura del esfuerzo

Dice Marc Vidal que somos un país que vive la cultura del subsidio. Esto nos ha acostumbrado a no tener que hacer nada para conseguirlo todo. No hace muchos años, cualquier trabajador podía abandonar su empresa sin ningún temor porque sabía que al día siguiente estaría trabajando en otro lugar (posiblemente cobrando más). Si quería tener un buen coche o una buena casa, sólo debía acudir al banco y pedir un préstamo. Esta situación nos ha convertido en personas con muchos derechos y pocas obligaciones. Ahora, cuando esa situación ha terminado, exigimos que se nos mantenga el mismo nivel de vida. Ahora culpamos a los bancos (entidades privadas con ánimo de lucro) porque nos prestaron un dinero que nosotros les pedimos, culpamos a los políticos porque, tras darnos subvenciones por todo de manera injustificada, se han quedado con la caja vacía, culpamos a nuestros empresarios porque no quieren trabajar sin obtener beneficios y cierran sus empresas. La culpa es de todo el mundo menos nuestra.

En cualquier caso, la situación ha cambiado y ahora nos toca vivir una época antagónica. Ya nadie nos va a regalar nada y todo lo que tengamos vamos a tener que ganarlo. En las empresas, más que nunca, se mide la productividad real y se analiza la rentabilidad de cada puesto de trabajo. Puede que esta situación no nos guste porque estamos mal acostumbrados, pero yo creo que es lo que debería haber sucedido desde siempre. 


El esfuerzo que dedicamos a las cosas es proporcional a la recompensa que esperamos recibir y esa expectativa es subjetiva. Por ejemplo, una persona puede estar decidida a formarse continuamente para crecer en su trabajo mientras su compañero considera que es mejor dedicar su tiempo a otro tipo de actividades. Las dos opciones son igual de válidas. El problema puede llegar cuando el primero promocione y el segundo se sienta decepcionado porque no le han promocionado a él. 

No existe la recompensa sin un esfuerzo previo pero, si existiera, no la valoraríamos. Debemos meditar detenidamente sobre cuales son nuestros objetivos profesionales y personales y que cantidad de esfuerzo estamos dispuestos a realizar para conseguirlos. Se acabó la época en que nuestras expectativas se cubrían solas.

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa. Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.

No tengo tiempo para pensar

"Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno, y las condiciones de trabajo, mejores aún...