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miércoles, 31 de agosto de 2011

El peligro de considerar sólo criterios económicos a corto plazo

Hace sólo unos años, los departamentos de RRHH centraban buena parte de sus esfuerzos en motivar a su personal. La retención de talento no era una preocupación, era una obsesión. Esa situación nos llevó a pensar que, mimando a nuestras plantillas, nos serían fieles por el resto de sus vidas. En esos tiempos, hablábamos de los trabajadores como "clientes internos". ¿Os acordáis? El tiempo ha demostrado que nos equivocamos. Los profesionales trabajamos por dinero y cuando otra empresa nos pagaba más (en muchas ocasiones demasiado) nos marchábamos. Esta situación parece ya muy lejana y casi olvidada, pero de eso hace unos cuatro años.

Hoy en día nuestra obsesión es reducir costes. Los cambios socioeconómicos nos han llevado a pensar en el corto plazo para sobrevivir y eso supone una postura totalmente opuesta a la que teníamos anteriormente. Es posible que la supervivencia no nos deje elección en algunos casos, pero no en todos. Además, debemos plantearnos si estamos recortando donde verdaderamente tenemos que recortar. El trabajador no sólo ha dejado de ser un cliente interno sino que ahora creemos que debe entenderlo todo sin darle demasiadas explicaciones. Esta situación está generando trabajadores insatisfechos y desilusionados.



Es un momento de decisiones importantes y delicadas que sabemos de antemano que van a dejar a un porcentaje importante de plantilla descontenta, pero si no nos preocupamos de minimizar esa insatisfacción, de dedicar un tiempo a explicar los motivos de cada decisión, el porcentaje de insatisfechos crecerá enormemente y hoy en día los trabajadores insatisfechos suponen un problema grave porque, en muchos casos, no pueden abandonar la empresa. Seguirán cobrando a final de mes pero su productividad será muy inferior, repercutiendo directamente en la rentabilidad de los procesos.

viernes, 19 de agosto de 2011

La importancia de la formación según Leopoldo Abadía


Hoy os dejo una reflexión del gran Leopoldo Abadía que se puede aplicar también al mundo de los recursos humanos.

En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora (esto es pregunta de señoras) y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?"
Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido:
"y a mí, qué me importa?!"
Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.


Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.
Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.
¿Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española.
2. La segunda guerra mundial.
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet.
10. La globalización
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro...
¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!
LO QUE SÍ HICIERON FUE ALGO QUE NUNCA LES AGRADECERÉ BASTANTE: INTENTAR DARME UNA MUY BUENA FORMACIÓN. SI NO LA ADQUIRÍ, FUE CULPA MÍA.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama "buena gente". Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano. (Si son mala gente, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)
Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación:
que sepan distinguir el bien del mal,
que no digan que todo vale,
que piensen en los demás,
que sean generosos. . . .
En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.
Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos,ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo. A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas. Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas. Pero lo fundamental es lo otro: los padres. 
Ya sé que todos tienen mucho trabajo,
que las cosas ya no son como antes,
que el padre y la madre llegan cansados a casa,
que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, 
que lo de la libertad es lo que se lleva,
que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado.
Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.


Leopoldo Abadía

¿Quién es el cliente de RRHH?

Todo trabajador, tanto si trabaja por cuenta propia como si lo hace por cuenta ajena, debe tener muy claro quién es su cliente. Sólo de est...