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lunes, 28 de febrero de 2011

¿Quién selecciona al jefe?

Si buscamos en Google "selección de personal" encontraremos 488.000 resultados divididos, principalmente, en dos grandes conjuntos: empresas de selección que ofertan sus servicios para nuevas contrataciones y páginas que explican como desarrollar un proceso de selección de forma más o menos acertada. En cualquier caso, un porcentaje elevadísimo de esos 488.000 resultados nos hablarán de la selección inicial que se realiza antes de incorporar a alguien a nuestra empresa.

He trabajado bastante tiempo en un departamento de selección, por lo que sobra que hable de la importancia que tiene este proceso para mi: ahorra costes innecesarios, contribuye a generar buen clima de trabajo, ayuda a la adaptación de la nueva incorporación a la cultura de empresa, disminuye los accidentes de trabajo, etc.


Sin embargo, una mala selección interna en el momento de promocionar a un trabajador puede multiplicar la importancia de este proceso por el número de trabajadores que vayan a estar bajo la supervisión del nuevo responsable. Un mal jefe/líder puede echar al traste la productividad de un departamento entero independientemente de la profesionalidad de sus integrantes. Con un mal jefe, los buenos profesionales acabarán marchando a la competencia, mientras los malos profesionales aguantarán porque no encuentran nada fuera de la empresa.

Entonces, ¿por qué invertimos tanto en la selección externa y tan poco en la interna? Parece que socialmente está aceptado que un buen proceso de selección inicial aporta ventajas a la empresa, sin embargo, cuando hay que promocionar a alguien no siempre se cuenta con los departamentos de selección, sino que la Dirección decide libremente cual es el trabajador más preparado según su propio criterio subjetivo. En ocasiones, el resultado de esta acción es la pérdida de un buen profesional y la ganancia de un mal jefe.

El departamento de selección debe tener un papel vital en los planes de carrera de los empleados y en su promoción. La decisión debe centrarse en los aspectos más objetivos que sea posible medir y no en las intuiciones o presentimientos de alguien. Debemos ser conscientes de la importancia vital de acertar en el momento de elegir a nuestros mandos intermedios.

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