domingo, 21 de agosto de 2016

Zapatero a tus zapatos

Dicen que el refranero popular es muy sabio. En este caso quiero resaltar uno que se refiere a que cada uno debe hacer lo que realmente sabe hacer o aquello que debería saber hacer.

Los departamentos de Recursos Humanos suelen tener una visión muy global del negocio. Conocen muchas áreas de forma superficial y pocas con la profundidad de los profesionales que se dedican a ellas día a día. A pesar de ello, sucede como con el fútbol o la política: todo el mundo es un experto aunque no tengan ni idea de qué están hablando. Por ello, suele ser tentador opinar en ciertos foros sobre la gestión que se lleva a cabo en otros departamentos. Criticar desde la barrera es fácil y gratis, pero en el entorno laboral, esto tiene un efecto boomerang que se nos volverá en contra, ya que los demás también podrán opinar gratuitamente sobre nuestro trabajo, sobre aquello en lo que se supone que somos los especialistas.

El respeto por la profesionalidad de nuestros compañeros es fundamental. Debemos exigirlo en aquellos campos técnicos relacionados con la gestión de personas, pero el respeto debe ganarse diariamente cumpliendo varios requisitos. Sin duda, el más importante, es dando el mismo respeto que pedimos. 

No digo que no se pueda sugerir u observar sobre la organización o la metodología de cualquier área, pero siempre desde la humildad y con el afán de ayudar, no de colgarnos medallas delante de gerencia. 

Nuestro trabajo se centra en la confianza. Sin ella, nada tiene sentido. Pero cuando delante de algún superior cuestionamos "a traición" a algún responsable de área, perdemos toda nuestra credibilidad frente a todo el equipo.

jueves, 14 de julio de 2016

Sólo es una relación contractual

Cualquier relación laboral se rige por un contrato. Puede tener diferentes modalidades, formas y objetivos, pero siempre será un contrato el que regule la relación entre el empleador y el empleado, salvo que exista fraude de ley por ambas partes.

Es algo evidente, pero que en muchas ocasiones pasa desapercibido para ambas partes pocas horas después de haberlo firmado. Por partes:

  • Los firmantes aceptan todas las condiciones recogidas en el documento. Por lo tanto no tiene ningún sentido quejarse después de la firma de los aspectos aceptados inicialmente (horario, salario, categoría profesional, tipo de contrato, etc.)
  • Por mucho que políticos, patronal y sindicalistas se empeñen en lo contrario, la relación se basará en la ley de la oferta y la demanda. Dependiendo exclusivamente de la situación del mercado laboral cada una de las partes tendrá mayor ventaja o desventaja en la negociación. En los últimos años han bajado porque se ha mantenido la oferta de empleados pero ha bajado considerablemente la demanda. Unos años atrás era justo al revés y existían sueldos desorbitados. 
  • Al inicio de la negociación ambas partes están en igualdad: el empleado necesita un trabajo y la empresa un trabajador, por lo que todos ganan.
  • Si el empleado encuentra un trabajo con mejores condiciones, cambiará de empleo. Ya hablamos del compromiso en este blog. Nadie se compromete si no cree que va a sacar algo de provecho a cambio, ni la empresa ni el empleado. Lo demás es romanticismo absurdo que genera frustración.
  • Si una empresa encuentra a un trabajador más barato, cambiará de empleado. El punto anterior está socialmente mucho más aceptado que este, pero recordemos: relación contractual.
  • Al cabo de un tiempo de la relación, ninguna de las dos partes debería tener deudas con la otra, por lo que no tienen sentido frases del tipo "¡con lo que yo he hecho por esta empresa!" o "este empleado es un cáncer". El empleado ha cobrado por hacer el trabajo y la empresa ha decidido mantener a ese empleado en su lugar, por lo que algo bueno tendrá.
  • Ambas partes tienen libertad para romper la relación cuando quieran, por lo que no tiene ningún sentido quejarse sin hacer nada. O cambias de empleo o de empleados. Eso sí, deberás plantearte antes si alguien querrá comprar tu producto (el trabajo en el caso del empleado y la empresa y las condiciones en el caso del empleador). Si sólo te quejas, estás dando a entender que tu producto es malo y serás incapaz de engañar a alguien más.
Lo sé, suena frío, calculado e impersonal. Va en contra de lo que predican los departamentos de gestión de personas, pero piénsalo: es así. Se acabó el amor desinteresado.

A partir de aquí, empezamos a trabajar, y tratamos a la otra parte como a un cliente interno al que fidelizar, al que enamorar superando sus expectativas. Al igual que hacemos con nuestras parejas, la empresa y el empleado debe enseñarle cada día lo mejor de sí misma a la otra parte para atraer a los mejores empleados o a las mejores empresas, pero sin abandonar la sangre fría para abandonar a aquellos empleados o empleadores tóxicos. Es momento de abandonar el romanticismo y ponerse manos a la obra, pero de verdad. Nadie nos será fiel porque sí. El amor es ciego, pero la pasión dura unos pocos meses. O hay algo más o se acaba.

sábado, 18 de junio de 2016

¿En serio es tan importante eso de la #MarcaPersonal?

En los últimos años se ha puesto de moda hablar de marca personal, asumiendo que nuestro trabajo es un producto por el que alguien está dispuesto a pagar, por lo que debemos establecer una estrategia para darlo a conocer y gestionar de la mejor manera posible su marketing.

Según los gurús de este tema, no se trata de querer o no querer gestionar la marca, sino que día a día, cuando trabajamos y nos relacionamos, estamos dando forma al posicionamiento de nuestra marca personal.

Como estrategia de marketing, los gurús recomiendan diferenciarse de los demás, ofrecer algo único y especial al mercado. Eso sí, todavía no he encontrado a nadie que de pistas de cómo encontrar ese "algo" tan especial.

Con este concepto como dogma de fe, muchos se han lanzado a darse de alta en todas las redes sociales que conocen, han abierto un blog y han ido escribiendo. Muchos de ellos han dejado de escribir después de dos meses, cuando no han recibido la llamada de nadie para ofrecerles un empleo mejor y cuando se han ido quedando sin ideas.

Ser un buen profesional no significa ser un gran comunicador. Tampoco se necesita ofrecer algo muy diferente a tus colegas de profesión. Se trata de hacer las cosas bien, no hay más misterio. Por ejemplo ¿qué puede ofrecer de especial un técnico de recursos humanos? No nos engañemos, todo está ya inventado. Se trata de adaptarlo a las necesidades del cliente y obtener los mejores resultados posibles. Por cierto, si hablamos de productos, ¿tan diferentes son Pepsi y Coca Cola? Ambas funcionan, ¿no?

Por lo tanto, ¿por qué los gurús se centran tanto en el mundo 2.0? ¿de dónde sale esa obsesión por ser diferente o rarito? ¿por qué nadie se plantea que los directivos de las grandes empresas no suelen tener perfil en ninguna red social? ¿no será porque están trabajando de lo lindo en el mundo 1.0 y esto hace que las mejores empresas les quieran en sus plantillas?

Antiguamente la mejor marca personal era que alguien que te conociera dijera que eras muy currante (el boca a boca). Hoy parece que lo importante es el número de followers en Twitter, pero si no influyes, si no eres un/a gran comunicador/a, es mejor orientar los esfuerzos a trabajar sobre el terreno y dejar las redes sociales para cuando tengas algo importante que decir o para leer y aprender de los demás. Las redes sociales son un medio, no el fin.