miércoles, 23 de noviembre de 2016

Liderazgo impostado

Ya vimos hace un tiempo lo fácil que es aprenderse teorías del liderazgo y lo difícil que resulta ponerlas en práctica para aquellas personas que se centran únicamente en los resultados a corto plazo y se olvidan de las personas. Son muy eficientes en el corto plazo, pero a largo plazo, obtienen equipos destrozados que dejan de obtener buenos resultados. Pero para entonces ellos ya estarán (o esperan estar) en otro lugar. 

Liderar es creer en el proyecto a corto, medio y largo plazo. Pero sobretodo es creer en las personas siempre, incluso cuando las cosas no salen bien a la primera.

Pero hay un tipo de liderazgo más complejo. Desconozco si ya tiene nombre académico, pero merece una mención especial en el blog: el líder impostado.

Se trata de una persona que reúne buena parte de las características necesarias para liderar a un equipo pero decide abandonarlo a su suerte y primar sus objetivos individuales. Es un liderazgo que parte de la mentira y vive de la continua apariencia. El grupo se siente identificado, valorado y defendido por su líder hasta que alguno de sus miembros se da cuenta de que eso no es cierto. Evidentemente, al perder la credibilidad, el líder pasa a ser el enemigo, pero para ese entonces es posible que ya haya obtenido lo que buscaba.

El líder impostado es una persona hábil en las relaciones sociales, con alto conocimiento de su área de trabajo, buenos resultados y con un discurso cuidado y trabajado con el que consigue enamorar a sus compañeros. Pero esa misma persona se transforma cuando habla a solas con un superior y, entonces, no duda en anteponer sus propios intereses a los del grupo. Posiblemente esta sea la única diferencia entre un liderazgo impostado y uno real. Esa carencia hace que el liderazgo impostado tenga fecha de caducidad, ya que antes o después una parte del grupo detectará la mentira y el líder impostado perderá toda la credibilidad y pasará a ser percibido como un cretino.

Liderar de verdad es jugar en equipo, entender que para crecer necesitas a las personas que te apoyen, que confíen en ti y, si es necesario, arriesgar por ellas. De lo contrario, el resultado es peligroso y contraproducente. Cuando el grupo empiece a percibir que el líder no va a aportar cosas positivas, le abandonará a su suerte.

lunes, 7 de noviembre de 2016

¡No me pagan por pensar!

¡Claro que sí! Ha llegado el día de hacer un pequeño homenaje a una de las frases más populares de cualquier compañía. Por mucho que pasen los años y por mucho que cambie el mercado laboral, esta frase resiste sin mostrar signos de cansancio.
Por partes:
  • Tampoco te pagan por respirar y respiras mientras trabajas, ¿no? Es decir, como ser humano, piensas siempre. De hecho, para llegar a la conclusión de que no te pagan para pensar, ya estás pensando. Para saber que tu jefe/a, tu trabajo o tus condiciones son indecentes, también has tenido que realizar un razonamiento previo.
  • Por tanto, si no te pagan para pensar, sería mejor que pusieran una máquina, ya que no aportas nada que no pueda aportar una máquina. Es más, ella es más barata, no cogerá la baja y no se quejará nunca. Así que, si realmente crees que no te pagan para pensar, ves buscando curro. Ten la certeza de que, tarde o temprano, te sustituirá una máquina. Es más, cuando eso suceda, piensa que habrá gente que piense que lo merecías. Al fin y al cabo eres un/a conformista y un empleado muy mediocre.
  • Quién expone sus opiniones corre el riesgo de equivocarse o de que éstas no sean bien recibidas. Quién no las expone para no correr ese riesgo… será sustituido/a por una máquina.
No es lo mismo asumir el rol pasivo de no hacer nada por cambiar una situación determinada que luchar constantemente contra gente que no quiere escuchar a los que están por debajo en un organigrama. Es decir, no es lo mismo no sentirse escuchado o comprendido que adoptar la actitud de quejarse constantemente sin aportar nada para buscar soluciones. Si no nos sentimos escuchados, es posible que buena parte de la culpa sea de la empresa. Si adoptamos la actitud de la queja, toda la culpa será nuestra.

El próximo día de inspiración, dedicaremos otro post al gran “¡yo soy asín!” (la n al final de así no es un error tipográfico)

domingo, 23 de octubre de 2016

¿Por qué elegimos al líder?

Mucho se ha escrito ya sobre las cualidades que debe tener un buen líder. Hace un tiempo las repasamos en la entrada "cuánto cuesta el liderazgo" y valoramos como casi imposible que una sola persona pudiera reunirlas todas. Pero lo cierto es que hay personas que lideran grupos y otras que no. ¿Cuál es la clave del liderazgo? ¿Qué hace que el grupo decida seguir a un miembro y no a otro?

Todos los motivos que han escrito los gurús del liderazgo se resumen en uno solo: elegimos como líder a aquella persona que pensamos que nos va a ir mejor para defender nuestros intereses como grupo o como individuos.

Ya desde niños suelen ser los padres los que influyen en diferentes aspectos de la vida. No en vano, ellos nos facilitan los recursos necesarios para subsistir.

Lionel Messi o Cristiano Ronaldo son líderes sobre un campo de fútbol porque son excelentes jugadores y pueden determinar muchas victorias a sus equipos, aunque es posible que fuera del campo no sean capaces de liderar en ningún otro aspecto de la vida.

Por experiencia, por cualidades, por conocimiento, por integridad, por capacidad de sacrificio, por hacer fácil lo difícil... Cualquier motivo es válido siempre que sea reconocido como importante por el grupo. Basta con destacar en un solo aspecto para que el grupo identifique a un solo miembro como líder, ya que considerará que hacerlo ayudará a conseguir los objetivos comunes.